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Gracias por ser mi Docente

En la actualidad se ha menospreciado y ha decaído en gran medida la labor que desempeñan los docentes, ya que una de las causas principales de ello es que los padres de familia ven a los docentes como “cuidadores de sus hijos”.

Teniendo así una falsa concepción de lo que en realidad es esta gran labor.

El maestro es una persona muy importante dentro de la vida de un país, ya que la función que desempeña requiere de gran responsabilidad.

Pero sobre todo de mucha pasión y corazón para guiar por el camino de la educación a los niños y jóvenes de una nación, personas que son el futuro prometedor del mismo.

Mediante una buena relación entre docente-alumno es muy probable que el niño aumente su potencial académico, gracias al lazo que se tiene con el maestro y a la inspiración de superación que este puede provocar en él.

LAS HUELLAS DE UN MAESTRO

¿Sabes cuál es el más notable efecto de la buen educación?

  El bien educado sabe que nunca lo está del todo, pero que está lo suficiente como para querer estarlo más.

Savater Fernando / Dic.96

Los maestros no solo nos enseñan a leer y a escribir, ellos con su ejemplo nos enseñan cosas que van más allá de estar dentro de un aula rodeados de libros y de material didáctico.

Esto es un agradecimiento a cada uno de los maestros y maestras que han dejado una huella en mi persona.

A todos ellos, a ustedes que nos han marcado de manera positiva con sus gestos y detalles, para aquellos de quienes hemos aprendido sin estar dentro de un salón de clases.

En 3°de primaria me enseñaste que existe un tiempo para hacer cada cosa, existe un tiempo para estudiar y otro para jugar.

Te veía como nos leías una y otra vez las historias; como nos explicabas los problemas de matemáticas, como nos mostrabas lo mágico que es nuestro estado y lo privilegiados que somos al ser mexicanos.

En 6° de primaria me regalaste el gusto por la lectura y el placer de escribir, cuando me dejaste leer ese pequeño libro titulado “Donde habitan los ángeles” y me pediste de tarea que escribiera mi diario.

Recuerdo las carcajadas que soltabas al escucharnos desafinados cuando para un diez de mayo nos pusiste a que cantáramos la canción “Caminante no hay camino”, afortunadamente todo salió bien el día del evento y cantamos afinados.

Desde los 11 años…

Comenzaste a enseñarme el amor por la vocación y el bienestar de los alumnos.

Te veía horas y horas haciendo material para tus clases y buscando estrategias para que tus alumnos entendieran la asignatura y así pudieran sacar su máximo potencial.

Observe la desesperación y el afán con el que trabajabas para que yo fuera una mejor persona. Desde ese momento comenzaron a caer del cielo las pequeñas señales para elegir mi profesión.

En 1° de secundaria…

No dejaste de mencionarme que la luz del faro jamás debe de apagarse por más fuerte que sean las tormentas que lo azoten, me diste el gran consejo de que siempre debo de ser yo, después yo y al final yo.

Que debo de estar bien conmigo misma y hacer las cosas que me hacen feliz para así regalarle felicidad a los demás.

Te reencontré de una manera muy particular

Quien iba a decir que primero fui tu alumna y después tu secretaria, supongo que eso es algo agradable. Ahora soy tu secretaria y recordar que algún día fue tu alumna.

Ver que gracias al empeño que ponías en tus clases tiene  como resultado el que hoy en día sean personas trabajadoras y honestas.

Vi cómo te dirigías hacia los niños y el gran cariño con el que los tratabas, no solo son alumnos, al contrario, les das cariño como si fueran tus hijos.

Aunque eres muy joven, eres un gran maestro, y te admiro por eso.

Admiro la valentía con la que enfrentas la vida (pese a que no la has tenido muy sencilla que digamos) y como contagias alegría a tus alumnos.

Insistes en la teoría sin dejar de lado la práctica, nos dices que el buen maestro debe de estar actualizado y saber de todo pues su función principal es el bienestar y el progreso de su educando.

Eres una persona muy alegre, y ese es el mejor regalo que he recibido de tu parte. Esa sonrisa que contagias por donde quiera que pasas, sonrisa que regalas en momentos difíciles y grises.

Ahora que ya no estas frente al grupo

Descubrí la manera en como disfrutabas dar clases, como gozabas el planearlas, el instruir y consentir a los más pequeños.

Joven y chiquita, pero con una inteligencia y un corazón enorme, gracias por pertenecer al grupo de personas que creen en mi sin haberme conocido antes.

Es poco el tiempo que tengo de conocerte y no sabes lo agradecida que estoy contigo por las enseñanzas que me has dado, por los detalles que hacen que me fortalezca en mi formación como maestra.

Das lo mejor de ti misma por el bienestar de los demás y eso es algo que se agradece mucho.

Eres de esas Maestras de las cuales se aprende constantemente, de las que saca lo mejor de cada alumno que tiene.

Pocas Maestras como tú, con ese ímpetu de enseñar y al mismo tiempo con unas ganas y un hambre enorme de seguir aprendiendo de cada persona que conoce.

Te conocí en un momento muy especial

Te conocí en un momento muy especial, cuando ni yo misma sabía quién era, cuando todos dejaron de creer en mi (inclusive yo misma deje de hacerlo).

Cuando me caí estuviste conmigo y me alentaste a levantarme y a seguir adelante, me recordaste lo valiosa que soy y me dijiste que no debo permitir que nadie me quiera humillar.

Estoy muy agradecida contigo porque sin conocerme creíste en mí, confiaste en mí con los ojos cerrados y creo que no te he decepcionado.

Me has regalado el gusto por la docencia, el amor por los niños y me has contagiado con tu alegría y tu fortaleza.

Estoy convencida que muchos Maestros y Maestras tienen en común el amor por la docencia y el gusto por querer enseñar y mejorar (con sus pequeñas acciones) el mundo de un niño (aunque la mayoría de ellos ya no está en un salón de clases).

Además de haber dejado una huella positiva en mi persona que hoy se refleja por el gusto de la docencia.

Gracias por ser maestros que dejan huella.

Y a ti ¿Qué huellas te han dejado los maestros?

Autor: Daniela Becerra del Río