Hace 6 años, cuando empecé mi andar formalmente frente a grupo todo era demasiado confuso. Sabía más o menos lo que había que hacer pero después surgían tantos detalles para los cuales nadie me había preparado. Me sentía confundida y lo único que hice fue pedir consejo e imitar a las compañeras que ya tenían experiencia.

Entonces me encontré siendo una maestra regañona,cry que mandaba a los niños al “rincón de pensar” o los llevaba con la directora cuando se portaban mal. La que no daba dulce o sticker al que no obedecía, aunque al final me ganaba el corazón de pollo que tengo y daba el dulce al chiquillo con la promesa de que al otro día se portaría mejor.

Pero ¡oh sorpresa! Al día siguiente volvía a portarse mal o peor… me sentía agotada, frustrada y triste porque aunque pusiera todo mi entusiasmo los niños seguían portándose mal, me sentía la peor del mundo y recordaba esas caritas tristes cuando los regañaba, me sentía culpable y eso obviamente los niños lo notaban.

Así que probé muchas estrategías… el sticker, el dulce, el semáforo de la conducta, castigar sin recreo, etc… y nada funcionaba. Parecía como si no les importara ya si los castigaba o los premiaba. 

Entre tantas búsquedas desesperadas de estrategias nuevas algunas palabras siempre salían a relucir, “Montessori”, “Disciplina positiva” e “Inteligencia emocional”.                                                 

Así que empecé a capacitarme sobre estos temas y  descubrí un mundo totalmente desconocido que me dio la posibilidad de ver al niño con otra mirada y poder entender porque los niños se comportaban de cierta manera.

El camino ha sido difícil y largo, no te miento. Me ha costado mucho esfuerzo, tiempo y dinero.   He remado muchas veces contra la corriente ya que no estamos acostumbrados como sociedad a una forma diferente de educación, he pensado varias veces que no está funcionando lo que hago…undecided

Y bueno, al final de cuentas es que así tiene que ser el cambio ¿no? Tiene que doler, tiene que costar y hay que ser perseverante hasta lograr ver resultado. Esto me costó mucho tiempo comprenderlo.

Pero, ¿sabes algo? wink Cada uno de nuestros niños vale todo ese esfuerzo, ese tiempo, esa entrega extra. Ahora puedo observar el maravilloso milagro que representa cada niñito, lo perfecto de su cuerpo, sus expresiones y movimientos. Y ellos lo notan, notan que el ambiente y la maestra son diferentes. ¡Y ahí se da la magia! El niño puede ser el mismo y puede ir construyendo su conocimiento.

Sé que es muy difícil plantearnos la educación y a los niños de una forma diferente, ya que muchos niños (nosotros mismos) han crecido dentro de la escuela tradicional y han sido buenas personas, sin embargo, para que esta sociedad y este mundo puedan tener un cambio definitivo, debemos cambiar primero nosotros, los maestros y los padres.

Debemos cambiar nosotros nuestra perspectiva de quien es el niño, que viene a hacer en el mundo y nuestra forma de interactuar con los pequeños.

Ahora ya no soy esa Maestra en apuros, ahora ya tengo un camino. Montessori y seguir al niño son mi camino.

 

Nos leemos pronto.

Ms. Dana.

Danae Alejandra Contreras Mier

Soy maestra de inglés y estoy frente a grupo de prematernal (niños entre 1 a 2 años), he trabajado en este nivel durante 2 ciclos escolares pero he estado frente a grupo desde hace 6 años.

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